martes, 1 de abril de 2014

Chilpancingo: poder y alternancia

La lucha por el poder en Guerrero en las últimas dos décadas ha sido bipartidista, y así se vislumbra nuevamente la disputa en 2015, año en el que está en juego no sólo los cargos públicos sino el futuro de más de 3 millones 400 mil guerrerenses.

Particularmente, el caso del municipio de Chilpancingo de los Bravo es buen ejemplo para entender el escenario político. Éste ha sido bastión político-electoral del Partido Revolucionario Institucional, situación que ha permitido que algunos políticos hayan repetido como presidentes municipales (Héctor Astudillo Flores, 1996-1998 y 2009-2012; y Mario Moreno Arcos, 2005-2008 y 2012-2015).

Sin embargo, la situación social y económica de sus más de 242 mil habitantes poco ha mejorado, y por la naturaleza cambiante de la sociedad, han surgido nuevos problemas sociales, por ejemplo, el caótico crecimiento urbano, la falta de agua potable, la indebida canalización de las aguas negras del río Huacapa, aunada la emergencia por las lluvias del mes de septiembre de 2013, la anarquía de sus calles y de las construcciones, el incremento irregular del trasporte público, y recientemente, el incremento de la inseguridad pública.

Esto demuestra la incapacidad del priísmo para afrontar los retos de la capital. Estas problemáticas sociales merecen un análisis profundo y participativo, a fin de aplicar el dicho mexicano de que: “a grandes males, grandes remedios”; y la primera de ellas es que una alternancia en la administración municipal le vendría bien al municipio. Pero, ¿qué partido político? ¿Qué candidato?

La izquierda guerrerense nunca ha podido ganar el municipio de Chilpancingo. En la contienda electoral del 2012, la Coalición Guerrero Nos Une alcanzó un total de 35 601 votos, mientras que el PRI obtuvo 44 576 votos, ganando éste con una diferencia de 8 975 votos. No obstante, la izquierda ha ido equilibrando cada vez más el escenario para el 2015.

Para lograr esta alternancia, es indispensable definir el candidato idóneo que, a su vez, presente un plan de desarrollo integral para la capital y sus 114 localidades. Que atienda y resuelva el problema de la inseguridad, del agua, del transporte público y la vialidad, la atención de los damnificados por “Manuel”, el caótico crecimiento urbano y la necesidad de un mapa de tendencias y riesgos que permita, por primera vez, hacer una planeación de cara a 50 años.

De los posibles candidatos, se han mencionado varios nombres tanto del PRD como del PRI, aunque de este último aún no se ve claro quién podría ser y la incertidumbre cada vez es mayor. De parte del PRD, personajes como Alejandro Mendoza Pastrana, Jorge Salgado Leyva, Alejandro Arcos, Toño Gaspar, Julio César Aguirre Méndez, son los nombres que cada vez son más recurrentes en la opinión pública. Uno de ellos sería el candidato quien podría cambiar el rumbo de Chilpancingo, quien garantice la unidad de las izquierdas y trabaje con las masas populares.

Sin embargo, para ejecutar todos estos planes y proyectos, se necesita consultar primero con la gente, los ciudadanos, tomar en cuenta a los pobladores de las colonias y las comunidades, para que hagan propuestas y sean parte de las soluciones. Alejandro Mendoza Pastrana parece ser uno de los pocos perredistas que han venido trabajando de manera constante, fortaleciendo la figura del ciudadano como un actor esencial en la construcción de la democracia y el desarrollo socio-económico.

jueves, 20 de marzo de 2014

BACHILLERES EMPRENDEDORES

NOE IBÁÑEZ MARTÍNEZ
La semana pasada, el director del Colegio de Bachilleres, Juan Salgado Tenorio, en coordinación con la Subsecretaría de Educación Media Superior (SEMS), presentaron el programa “Transferencia del Modelo de Emprendedores de Educación Median Superior (MEENS)”, el cual busca capacitar a docentes y directores de los planteles del Cobach-Guerrero para que, a su vez, doten las herramientas necesarias a los estudiantes buscando formar una cultura de emprendedurismo.

De acuerdo con la coordinadora nacional del modelo de emprendedores, Katia Águila, éste es único porque fue diseñado de acuerdo al perfil de los jóvenes, busca despertar sus habilidades emprendedoras y crear ambientes emprendedores en cada uno de los centros educativos. De esta forma, se pueden identificar a aquellos jóvenes que logren desarrollar una idea para un negocio propio y a través de otras instituciones y/o dependencias se logren obtener recursos financieros para materializarlo.

En el evento llevado a cabo en Chilpancingo, Juan Salgado Tenorio informó que el modelo será aplicado en 17 de los 126 planteles de las 7 regiones, esto coloca a la entidad en primer lugar en cuando a número de centros educativos que participan a nivel nacional. Señaló que esto viene a sumarse a un programa integral que busca mejorar la calidad de la educación en los jóvenes y disminuir el abandono escolar, que lamentablemente, es elevado.

Según la subsecretaría de Educación Media Superior y Superior, que encabeza Arturo Salgado Urióstegui, a nivel nacional el porcentaje de deserción escolar en el nivel medio superior es del 10%, en Guerrero es del 15%; es decir, de cada 100 jóvenes de cada 100 jóvenes de nuevo ingreso, solo 70 continúa a los tres meses o al siguiente semestre. Esta situación, es equiparable con datos escolares del continente africano.

El modelo de emprendedores forma parte de una las principales propuestas que se han presentado en los Foros de Consulta Nacional para la revisión del Modelo Educativo del Nivel Medio Superior en diversos estados de la república.

Primero, la necesidad de redefinir la educación media superior, buscarle un objetivo y sentido propio y no solo concebirla como un escalón para llegar a la educación superior. Es decir, lograr en los jóvenes una expresión personal y comunicación verbal y gráfica, estimulando hábitos de integración social, de convivencia grupal, de solidaridad y conservación del medio ambiente.

Segundo, buscar formar a los jóvenes de tal manera que al concluir el bachillerato, tengan las herramientas, habilidades, aptitudes, conocimientos y destrezas para enfrentar los retos actuales de una sociedad cambiante. Asimismo, aprovechar las tecnologías de la información y la comunicación.

Y, tercero, preparar a los jóvenes para un proyecto de vida que contemple la independencia económica, la administración de sus propios recursos, la autonomía personal y la constitución de un hogar propio.

martes, 25 de febrero de 2014

Bachillerato y deserción escolar

Noé Ibáñez Martínez*

La educación es un proceso de formación del ser humano a lo largo de su vida. Ésta se adquiere bajo tres modalidades: a) la educación formal, regida bajo un control curricular y sistemas de enseñanza establecidos generalmente por el Estado, es decir, desde preescolar hasta el nivel universitario; b) la educación no formal, la cual se refiere a cursos, entrenamientos, academias y talleres ajenos a un control curricular; y c) la educación informal, es aquella que se recibe en el ámbito social, en la familia, con el grupos de amigos y toda aquella que nos permite socializar con el resto de las personas.

En este caso nos referimos a la educación formal y específicamente en el nivel medio superior, ya que es la etapa de formación de los jóvenes de entre 15 y 18 años de edad; donde se busca preparar, capacitar y brindar los conocimientos y herramientas necesarias para que continúen con el nivel universitario y/o en su caso, se integren al mercado laboral. Además, de formarlos con valores y disciplina para el ámbito social.

Sin embargo, grandes son los retos que enfrenta la educación media superior actualmente, y particularmente en Guerrero, donde los índices de deserción escolar son poco más del 45% durante los tres años de bachillerato. Es decir, de cada 100 jóvenes de nuevo ingreso, solo 70 continúa a los tres meses o al siguiente semestre; o que de cada 100 jóvenes que están en edad de estudiar el bachillerato, solo se atiende a 75, incluyendo todas las preparatorias de la UAG y los subsistemas educativos públicos y privados.

Existen diversos factores que influyen al rezago educativo y a la deserción de los jóvenes. En primer lugar, por problemas de orden social, ya que de acuerdo a la Encuesta Nacional de Deserción en la Educación Media Superior (ENDEMS), llevada a cabo por la Subsecretaría de Educación Media Superior en 2011, el 49% de los encuestados señalaron que abandonaron los estudios por la falta de recursos para comprar útiles, cubrir los pasajes de transporte, o bien, por no cubrir la cuota de inscripción que solicitaban los planteles. De los que provenían de una familia de escasos recursos, el 18.3% señaló que consideraban más importante trabajar que estudiar, el 17.8% abandonaron la escuela porque les disgustaba estudiar; el 17.5% que por que se embarazó, embarazó a alguien o tuvo un hijo; y el 17.3% por que le tocó un turno distinto al que quería (SEP, 2012).

En segundo lugar, por una deficiente cobertura escolar en las siete regiones del estado; en tercer lugar, por la inequidad en el acceso a la enseñanza; y en cuarto lugar, la cuestión de la calidad de la enseñanza, la cual es necesaria para que el proceso educativo logre los propósitos que le corresponden. Según los pronósticos de la Secretaría de Educación Guerrero (SEG), de seguir con esta tendencia, será hasta el año 2020 cuando se alcance una cobertura del 95% en el estado.

Ante ésta situación, es importante emprender una serie de acciones que permitan, abatir el rezago educativo, disminuir los casos de deserción escolar, mejorar la calidad de la educación, fortalecer la profesionalización docente y directiva, y aprovechar las tecnologías de la información y la comunicación, así como impulsar nuevas acciones educativa para prevenir y disminuir el abandono escolar: la capacitación de docentes y directivos; la generación de ambientes de convivencia sana y libres de toda discriminación; el fortalecimiento de los programas de inducción, tutorías académicas, acompañamiento y prevención de conductas de riesgo, así como el otorgamiento de becas y estímulos.

Además, se debe reorientar el sentido de la educación media superior, la cual no debe considerarse solo un eslabón entre la educación básica y la superior, sino debe contar un objetivo y sentido propio; es decir, lograr en los jóvenes una expresión personal y comunicación verbal y gráfica, estimulando hábitos de integración social, de convivencia grupal, de solidaridad y conservación del medio ambiente. Asimismo, debe responder a los retos actuales de la sociedad de la información y el conocimiento y debe dar respuesta a las características de los nuevos “nativos digitales”, brindándoles las herramientas que les permitan analizar y utilizar la abundante información de nuestros tiempos.

Por otro lado, la educación media superior de promover un vínculo efectivo entre la formación de los jóvenes y el mundo empresarial; es decir, implementar estrategias que permitan a los estudiantes generar un espíritu empresarial, desarrollar cualidades como la creatividad y la asunción de riesgos, así como sensibilizarlos para trabajar por cuenta propia como una opción profesional. Por ejemplo, en el Colegio de Bachilleres del estado de Guerrero, que dirige Juan Salgado Tenorio, se está buscando esta vinculación entre la educación y espíritu emprendedor de los estudiantes, como una oportunidad para insertarse al sector laboral. Esto abrirá un nuevo panorama para los más de 33 mil estudiantes de esta institución.

Esta estrategia, a su vez, contribuirá a disminuir la deserción escolar, para lo cual, es necesario el liderazgo del docente para el acompañamiento del alumno, en el que se deben involucrar también los directivos, padres de familia, autoridades comunitarias e instituciones sociales y civiles; es decir, la participación social tiene que jugar un papel importante en el proceso educativo.

viernes, 21 de febrero de 2014

La educación como proceso de formación

Noé Ibáñez Martínez*

El curso de Seminario de Didáctica de la Enseñanza de la Historia que se imparte en la Maestría en Historia Regional de la Universidad Autónoma de Guerrero, fue una experiencia nueva de formación escolar para los estudiantes que participamos en ella. Si bien, entre sus objetivos estaba construir una nueva mirada en relación a la teoría y práctica de la enseñanza de la historia, pero debido al tiempo destinado a ella, solo fue posible analizar y comentar dos autores (Hugo Zemelman y Estela Quintar), quedando pendientes otros y el análisis de temas centrales del curso relacionados directamente con los elementos teóricos, metodológicos y epistémicos de la enseñanza de la historia. No obstante, la relación entre los textos que analizamos y la enseñanza de la historia, no están aislados. De hecho, el paradigma de la enseñanza de la historia, la memorización de nombres de héroes, fechas y lugares, que ha marcado generaciones de estudiantes y han visto a la historia como una materia aburrida y sin importancia, tiene y debe de romperse y buscar que esta asignatura sea dinámica y haga pensar y re-pensar a los jóvenes sobre su pasado y presente.

Los trabajos que realizamos durante el curso: por qué estudio la maestría, la crónica de los primeros días de clases y mi experiencia educativa, han servido para pensar y re-pensar mi proceso formativo en relación con la educación que se imparte en las aulas actualmente y la posible dirección que las políticas oficiales guían la formación de los niños y jóvenes. Además, fue una oportunidad de reflexionar sobre mi papel como estudiante de historia y la función que ésta debe desempeñar en una sociedad cambiante, para tratar de evitar que exista un “desajuste” entre la teoría y la realidad, que cada vez, es más compleja y distante.

Durante el seminario, hablamos y discutimos de varios aspectos de la educación. Desde nuestra experiencia educativa propia hasta del modelo de enseñanza en el país y los parámetros que establece el Estado para la educación de sus ciudadanos. Todo esto relacionado con el análisis y la propuesta de Hugo Zemelman y Estela Quintar, quienes proponen una nueva enseñanza-aprendizaje que rompa con los esquemas y parámetros establecidos. Una educación que recupere el sujeto y lo haga pensar y pensarse en y de su entorno, con “la finalidad de promover una educación emancipadora”.

No es intención de este texto recuperar y explicar la propuesta didáctica de Zemelman y Quintar, tampoco es hacer un análisis pormenorizado de lo que ha sido y es el modelo educativo en México. Pero sí, me parece importante, recuperar lo siguiente: 1) la redefinición de lo que para mí es la educación y el modelo educativo en el que me instruí, haciendo una comparación con el modelo actual, 2) el análisis de una enseñanza-aprendizaje no parametral como alternativa para la formación de niños y jóvenes actualmente, y 3) la importancia de la enseñanza de la historia y el ajuste que debe existir entre lo que hacen en las aulas y lo que sucede fuera de ella.

La educación como proceso de formación

La educación a lo largo del tiempo ha tenido múltiples interpretaciones, según el momento histórico de cada sociedad y el modelo que establece el Estado para la formación de sus ciudadanos. En México, el derecho universal a la educación quedó plasmado en la Constitución Política pero el modelo educativo ha sido cambiante a lo largo de los años, según lo que cada gobierno ha considerado lo correcto y lo idóneo para la educación del país, con la intención, por un lado, de abatir el rezago educativo y el por otro, lograr la educación universal y que ésta sea el principal motor para el desarrollo social, económico, político, científico, tecnológico y cultural.

Sin duda, no existe un único concepto de educación. La multiplicidad y heterogeneidad de definiciones es consecuencia de las interpretaciones, debates y aplicaciones que se le ha dado a lo largo del tiempo y del espacio. Por ello, se ha tenido la necesidad de identificar y clasificar tipos de educación como lo son: la formal, la no formal y la informal. La educación formal es con la que nos formamos en las escuelas, desde preescolar hasta el nivel universitario, basado en un control curricular y sistemas establecidos generalmente por el Estado. La educación no formal, se refiere a cursos, entrenamientos, academias y talleres que no están regidos por un control curricular. Y la educación informal es aquella que recibimos en el ámbito social, en la familia, con el grupo de amigos y toda aquella que nos permite socializar con el resto de las personas.

Desde luego, todo ser humano ha recibido la educación informal, sin embargo, cierto número de personas no accede o no ha accedido a la educación formal o no formal, principalmente por su entorno socioeconómico, por lo que su mundo es reducido, limitándose al aprendizaje empírico y a las experiencias adquiridas a lo largo de su vida, y que en la mayoría de los casos, se especializa en ciertas actividades. Lo contrario le sucede a una persona que accede a la educación formal, principalmente a un nivel medio superior o superior, porque permite que su mundo se expanda y se abra a nuevos conocimientos, aprendizajes y enseñanzas. Sus expectativas sobre la vida y su conciencia sobre su rol social generalmente la tienen clara y definida, a su vez, aseguran un futuro educativo más sólido para sus hijos.

Por todo ello, podemos decir que la educación es un proceso de formación mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar a lo largo de la vida, y que a su vez, definen la personalidad de la persona (moral, ética, conductual, personal, intelectual, cultural y social), es decir, definen la forma de ser y forma de ver el mundo, su pasado, su presente y la proyección de su futuro. Este proceso se da gracias principalmente a dos fenómenos: aprendizaje y enseñanza. Por un lado, el aprendizaje permite al individuo recibir todo tipo de conocimientos a través de sus sentidos sensoriales en su entorno o a través de los medios que llega acceder (principalmente los medios masivos de comunicación). Y por el otro, la enseñanza permite establecer un mecanismo de intercambio de información (conocimientos) con las demás personas establecimiento lo que se conoce como diálogo. El contexto en el que comúnmente se establece el mecanismo enseñanza-aprendizaje es en las aulas, entre el alumno y el profesor; es decir, una educación o formación formal. Aunque también, se da el caso en el entorno familiar o social, es decir, una educación o formación informal.

Ciertamente, las primeras lecciones de aprendizaje las recibe todo ser humano en el seno familiar. Conforme pasa el tiempo y va creciendo el niño, su mundo se amplía poco a poco y su conocimiento también crece y se diversifica, ya que comienza a relacionarse con sus amigos y comparten experiencias, curiosidades, conocimientos, etcétera. Sin embargo, el aprendizaje es heterogéneo ya que depende del entorno familiar y social en el que crece y se educa cada niño. De manera que su aprendizaje es informal hasta que entra en contacto con la escuela.

Al integrarse a un sistema educativo, el niño o la persona adulta[1], su educación o formación se vuelve formal o no formal; ya que esta institución marca un parámetro qué seguir, qué enseñar y qué es lo que el niño o la persona tiene o debe de aprender para continuar con los siguientes grados académicos. Pero no con ello deja de aprender fuera del aula, ya que el aprendizaje informal es continuo, llega de diferentes direcciones y el niño o la persona adulta capta o procesa la información que considera importante, llamativa, esencial o indispensable para su vida.

Como mencionamos anteriormente, la educación o la formación que recibe cada niño es heterogénea y de ella depende en la mayoría de los casos su futuro. Es decir, el aprendizaje del niño depende de cuatro cuestiones internas y externas:

1) Entorno familiar y social. La educación de un niño depende por las condiciones sociales, económicas y culturales del seno familiar (interno) o social (externo). Para acceder a la educación formal, tendrá que tener respaldo, apoyo, guía y participación de los padres de familia en conjunto con la escuela. Si éstos no tienen cierto nivel educativo, cultural o conciencia sobre la importancia de la educación, poco interés tendrán sobre la educación de su hijo. Además, aunada la situación económica, más probable que el niño sea obligado a trabajar y abandonar la educación formal, como sucede en muchos casos principalmente en el estado de Guerrero.[2] Y también, el entorno social en el que vive el niño (delincuencia, violencia social, narcotráfico, etc.), será factor esencial para definir si continúa en la educación formal o la abandona.

2) Tipo de información. Relacionado con el punto anterior, la educación de un niño depende del tipo de información o conocimientos que adquiere, sea ésta formal o informal. Es decir, en la educación formal en donde la escuela ya establece un parámetro de lo que tiene que enseñar, muchas veces ésta tiende a no ser completa, correcta o no es bien aplicada por los maestros. De manera que, puede existir una diferencia entre la enseñanza de una escuela y otra (rural y urbana, por ejemplo).

3) Proceso de información. Un factor fundamental en la educación es la forma en cómo capta o procesa la información (enseñanza) que recibe. Si bien, en la educación informal recibe todo tipo de enseñanzas multidireccionales, y muchas de ellas perjudiciales para su desarrollo, por ello, es importante saber cómo procesa dicha información.

4) Aplicación de conocimientos. Derivado del punto anterior, parte del proceso de educación es la aplicación o materialización de la información o conocimientos adquiridos. Para que de esta forma, se cumpla con el ciclo y se generen nuevos conocimientos.

Todas las personas pasamos y seguimos pasando por el este proceso continuo e inacabado. La educación, el aprendizaje y la enseñanza son partes de la naturaleza del ser humano, como el hecho de comer y dormir. Todos los días aprendemos y enseñamos, sea ésta formal, no formal o informal.

¿De educación parametral a no-parametral?

En los últimos años, hemos escuchado o leído que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha puesto en marcha nuevas estrategias y metodologías de enseñanza-aprendizaje con el objeto de mejorar la calidad de la educación, particularmente en el nivel básico. Esta intención sucede en todos los cambios de gobierno o por lo menos en el discurso. Con ello también se ha buscado disminuir la deserción escolar y lograr la universalidad de la educación. Sin embargo, en el plano real poco se ha avanzado y el discurso oficial continúa siendo el mismo.

En la última década surgió una nueva estrategia pedagógica basada en competencias, es decir, un conjunto de conocimientos, habilidades y destrezas que desarrolla una persona para comprender, transformar y practicar en el mundo en el que vive; la cual retomó la SEP para aplicarla en las escuelas públicas del país, siguiendo un estricto parámetro curricular. En teoría suena excelente, sin embargo, en la práctica, en el desarrollo de conocimientos y habilidades, deja que desear por varios motivos: errónea aplicación e interpretación de las competencias, su evaluación se rige por estándares internacionales las cuales no garantizan el desarrollo pleno de las habilidades y el aprendizaje, dejan a un lado el desarrollo humano, la capacidad de reflexión, el análisis y la concientización del contexto social del educando.

La educación por competencias desde que se implementó cada vez ha ido reforzándose hasta aplicarse en el nivel medio superior, no sólo en las instituciones que dependen de la SEP sino también en instituciones autónomas y privadas. Los docentes en innumerables ocasiones han sido capacitados para aplicar esta estrategia y han tratado de explicar a sus estudiantes el nuevo modelo, asimismo, los materiales didácticos se han adaptado a ello; sin embargo, existe una serie de condiciones que han frenado la correcta aplicación de dicho modelo educativo y por lo tanto, los resultados no han sido los deseables.

Esta práctica educativa parametral no está muy lejos en forma de la educación de hace algunas décadas. En aquella ocasión, a muchos de nosotros nos tocó lo que se conocía como educación o enseñanza tradicionalista, la cual consistía (o por lo menos se daba entender) en que el maestro era quien sabía de los temas y era el único que exponía, enseñaba, transmitía los conocimientos, evaluaba y aprobaba o reprobaba a los estudiantes. Éstos solo se limitaban a escuchar, ver, memorizar, repetir, transcribir y realizar las actividades que el maestro decidía. No obstante, el enfoque por competencias trata de romper con la enseñanza tradicionalista, intentando que el estudiante sea el sujeto de estudio, y no una parte del ciclo educativo como se veía antes. Ahora el profesor ya no es el protagonista sino solo un facilitador, un guía o un intermediario entre el conocimiento y el educando.

A pesar de estos intentos, no se ha podido erradicar por completo la enseñanza tradicionalista en las escuelas públicas. Muchos profesores continúan enseñando de la misma forma aunque con materiales didácticos por competencias. Ante esta situación, los estudiantes tampoco se preocupan por tomar la iniciativa, se “conforman” con lo que el maestro enseña, expone, transmite. Pareciere ser un círculo vicioso que requiere una profunda transformación, ya que se necesita crear el ambiente idóneo para educar, desde la actualización y capacitación del profesor hasta el equipamiento de las aulas con materiales técnicos y pedagógicos necesarios para la enseñanza-aprendizaje.

Afortunada o desafortunadamente, como estudiante no me tocó el modelo educativo por competencias, aunque cuando estaba en el bachillerato (2003-2006) ya escuchaba a mis maestros hablar del nuevo modelo de enseñanza y que tenían que asistir a cursos de actualización y varios de ellos apresurarse para su titulación por la nueva normatividad que venía encima. Aunque durante el tiempo que estuve allí, siguieron enseñando como tradicionalmente lo habían hecho. Como estudiantes, tampoco nos preocupamos por preguntar o investigar de qué se trataba el nuevo modelo, estábamos conformes, a gusto, con lo que nos enseñaban, siguiendo el parámetro que imponía la secretaría de Educación en Guerrero o la SEP.

Debo reconocer que hasta ahora en el Seminario de Didáctica de la Enseñanza de la Historia I, no había escuchado o leído sobre una didáctica no parametral, mucho menos haber leído a Hugo Zemelman o Estela Quintar. A leerlos, comprendí que su propuesta no se aleja mucho de Paulo Freire, a quien ya había leído varios de sus textos. Ambos coinciden en un punto fundamental: que la educación, además de liberadora y concientizadora, su fin principal deber ser la emancipación. Zemelman, Quintar y Freire, proponen una educación profundamente revolucionaria, apartada totalmente de los parámetros oficiales que impone el Estado. Esta propuesta no parametral que busca recuperar el sujeto histórico para crear conciencia de su entorno, difícilmente podrá ser aplicada en las escuelas públicas controladas por la SEP, salvo algunos casos autónomos como el Sistema Educativo Rebelde Autónomo Zapatista de Liberación Nacional de los Altos de Chiapas (CGSERAZLN),[3] algunas escuelas autónomas en Michoacán y la Escuela Altamiranista Guerrerense.[4] Estas voces y acciones locales y regionales nacen precisamente como una forma de resistencia ante el avance del modelo neoliberal que sepulta lenguas, tradiciones, costumbres y culturas de los pueblos originarios, quienes además rechazan la imposición de una educación oficial centralizada y luchan por recuperar una enseñanza multicultural y preservar lo que es suyo.

La propuesta de la didáctica no parametral de Zemelman y Quintar, que surgió como consecuencia de una serie de condiciones sociopolíticas que vivieron a mediados de los años sesenta, en sus natales Chile y Argentina, respectivamente; fue que pudieron desarrollar, inicialmente Quintar pero basada en el pensamiento teórico de Zemelman, la propuesta de enseñanza no parametral. En ella propone que el sujeto recupere su memoria histórica, que se dé cuenta o que nos demos cuenta, juntos, lo que nos pasa y por qué nos pasa, subjetiva y colectivamente hablando, esto nos llevará a proponer alternativas de transformación de la realidad, desde la educación preescolar hasta el posgrado. Además, propone una enseñanza menos rígida, que haga al sujeto un ser pensante de sí mismo y de su entorno, que reflexione, que cuestione, que critique, que proponga, que recupere su palabra. Un sujeto con conciencia histórica y social. Es decir, educar y educarse desde el contexto en el que vive el estudiante, es ayudar a comprender e interpretar su mundo y su realidad, para transformarlo de una manera consciente.

Ahora, ¿es posible transitar de una educación parametral a una educación no parametral? Sí, pero el sistema educativo mexicano no lo permitiría. Salvo a costa de una rebeldía como las escuelas zapatistas o la altamiranista que mencionamos anteriormente. Además, el mismo modelo educativo y económico nacional está controlado por grandes organismo internacionales, quienes a su vez establecen los parámetros y guían la educación hacia otros horizontes. Lo más factible en estos momentos, es que los docentes recuperen o retomen lo esencial, lo básico, lo importante de cada propuesta educativa para aplicarla en las aulas.

También es importante reconocer (luego de la aprobación de la reforma educativa) que el cambio en la educación no vendrá de una gran reforma nacional, sino por el esfuerzo del hogar, el aula, la escuela, la comunidad; los padres de familia, los maestros, los educandos. Por ello, es esencial recupere la participación de los padres de familia en la educación de sus hijos, ya que en estos momentos se encuentran divorciados con la escuela y dejan la “carga” a los profesores.

La enseñanza de la historia y el “ajuste” entre teoría y realidad

Bien, si enseñar y enseñarse es una tarea complicada para cualquier nivel o grado escolar, creo, es más complicada la enseñanza de las ciencias sociales y particularmente la historia para cualquier nivel educativo. Es común escuchar a los jóvenes que nos les gusta la historia, que es aburrida, que no tiene importancia; pero la cuestión no es que la materia sea aburrida, sino la forma en cómo y desde dónde se les enseña, y cómo y desde dónde tienen que interpretarla los alumnos.

En la experiencia personal, reconozco que los profesores de historia que tuve tanto en la secundaria como en el bachillerato, carecían de una propuesta o metodología de enseñanza de la historia, solo se limitaban a explicar algunos aspectos de la historia o dictaban apuntes de lo que consideraban más importante. Lo cual, desde luego, aburría o nos restaba interés. Asimismo en las evaluaciones, nos obligaban, casi, de aprender nombres, fechas y acontecimientos importantes de la historia. Por ejemplo en los exámenes que eran de opciones múltiples, venían preguntas como:

1.- ¿En qué año inició la Revolución Mexicana?
a) 1810              b) 1917                   c) 1910               d) 1920

Estas preguntas no nos ayudaban a pensar y reflexionar sobre la historia, nuestro presente, mucho menos sobre un probable futuro. Eran preguntas con respuestas concretas, cerradas e incluso, sin sentido. De esta forma era (y sigue siendo) la enseñanza de la historia en secundarias y bachilleratos, a pesar de innumerables cursos de actualización a profesores bajo el modelo educativo por competencias que ya se implementa en casi todas las escuelas. Por lo que, a base de la propuesta metodológica de Quintar, es posible recuperar y proponer nuevas alternativas y dinámicas para la enseñanza de la historia y otras ciencias sociales. Es posible que a través de ellas, se recupere el sujeto histórico y a su vez, la conciencia sobre lo que acontece en el entorno social y familiar.

Ante esto, tiene razón Zemelman al preocuparse del distanciamiento que existe no sólo entre las ciencias sociales y la realidad social sino las universidades públicas mismas y la sociedad actual. Él lo llama un “desajuste” entre la teoría y la realidad. Ya que mientras los estudiantes aprendemos conceptos, teorías, leemos autores y consultamos bibliografías en las aulas y bibliotecas; la realidad fuera del aula se encuentra muy avanzada. Por ejemplo, mientras en las aulas de UAFyL se enseña la historia contemporánea la cual se encierra en los acontecimientos de los años 60 y 70, y de ella los alumnos cimientan sus investigaciones y lecturas, pocas veces relacionamos esa historia con los hechos y acontecimientos actuales. Entendemos ese pasado como si fuera un acontecimiento aislado sin consecuencias en la actualidad y quizás, nuestra idea es que los acontecimientos que suceden actualmente, tocarán estudiarse dentro de 15 o 20 años.

Es esta la preocupación que comparto con Zemelman, particularmente la UAFyL debe ser pionera en formar a estudiantes pensadores, críticos y con propuesta social para la realidad que se esté viviendo. Pero no es así, son pocos los que sobresalen y alzan la voz para manifestar, cuestionar, criticar, indagar y analizarla el pasado y realidad del presente. Pareciera ser que la UAFyL es una institución más como cualquier otra escuela técnica o institución que forma estudiantes de ciencias naturales o exactas.

Por ejemplo, muchos compañeros que tuve en la licenciatura y otros que cursan actualmente alguna carrera de las cuatro modalidades que ofrece, están ahí porque no tuvieron oportunidad de entrar en alguna otra carrera de la Universidad; y Filosofía y Letras fue su última opción. ¿Por qué? —Porque son carreras muy fáciles, lo único que tienes que hacer es leer y hacer algunos trabajos y los maestros te pasan con diez, te la llevas relajado y sin preocupación. Al concluir, consigues un trabajo de maestro y ya—. Son los argumentos que exponen al cuestionarles sobre su estancia en esta institución. Hace falta compromiso y conciencia histórico-social, no solo de los estudiantes sino también de los docentes y la escuela. Habría que enseñarles que recuperen su voz, su palabra, tal como trabajamos en el Seminario, que desde luego, fue una gran y provechosa experiencia. Además, habrá que crear medios que difundan los trabajos de investigación, no solo de los catedráticos sino de los estudiantes, para que vayan practicando el oficio de historiador.


* Maestría en Historia Regional. UAFyL-UAG. Trabajo final que se presenta en el Seminario de Didáctica de la Enseñanza de la Historia I, que coordina el Mtro. Joel Iturio Nava. Chilpancingo de los Bravo, Gro., a 20 de diciembre de 2013.

[1] Aplica para las personas jóvenes y adultas mayores de 15 años que no tuvieron acceso o no tuvieron la oportunidad de asistir a una escuela para formarse de acuerdo a los planes que marca el sistema educativo nacional, pero que posteriormente, gracias a los programas educativos para adultos, principalmente el INEA, se reintegran al sistema escolar para cursar los niveles de alfabetización, primaria y secundaria.
[2] Un ejemplo claro es mi experiencia educativa personal que expuse anteriormente en otro trabajo, la cual puede identificarse con muchos otros casos, tanto de mi generación como actualmente en la región de La Montaña y otras zonas marginadas.
[3] Para un mayor acercamiento a las escuelas zapatistas, ver a Baronnet, Bruno. Autonomía y Educación Indígena: Las escuelas zapatistas de las cañadas de la Selva Lacandona de Chiapas, México. Tesis doctoral. Disponible en: http://www.cedoz.org/site/pdf/cedoz_886.pdf
[4] Véase: Chávez, Adazahira, Escuela Guerrerense Altamiranista, una alternativa para la educación amenazada. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2013/10/12/oja-escuela.html

viernes, 31 de enero de 2014

Democracia y violencia social

Marcha por la paz en Chilpancingo. 30 de enero de 2014.
Noé Ibáñez Martínez

El próximo 5 de febrero, se instalará en el Distrito Federal, en el marco del 97 aniversario de la promulgación de la Constitución Política de 1917, —la cual rige actualmente en el país, aunque su contenido ha sido reformado más de 200 veces, aunadas las actuales reformas estructurales de Enrique Peña Nieto— el denominado Congreso Popular, convocado por diversos sectores sociales, académicos e intelectuales. ¿Cuál es la finalidad?

Desde la lucha armada de la Revolución, las demandas y los derechos sociales quedaron plasmadas en la Constitución de 1917, pareciera ser que al fin llegaría la justicia, la paz, la igualdad y la oportunidad de una vida digna, sin embargo, la clase política, los partidos y los intereses particulares robaron el futuro y la ilusión de millones de mexicanos, secuestraron el poder y se adueñaron de la riqueza nacional, en pocas palabras, traicionaron al pueblo violando la Constitución.

A lo largo de los años, los partidos políticos han predicado una falsa democracia, inexistente, fantasmal, aparente, simuladora… una democracia sin pueblo. A partir de la década de los 70s, tomó auge la llamada “transición democrática” promovida por el gobierno federal a través de la Reforma Política en 1977, la cual permitía que los partidos, agrupaciones, organizaciones sociales y civiles de oposición, pudieran participar por la vía legal en la vida política del país. Hasta hoy en día, no se ha consumado el ejercicio pleno de la democracia, al contrario, ha sido usado para justificar el fraude, la corrupción, la violencia, la pobreza y el abuso del poder por la oligarquía.

Los convocantes a la instalación del Congreso Popular, cuyas bases para participar se pueden consultar en: www.congresopopular.org, sostienen que “los representantes populares no representan al pueblo de México, las instituciones no aseguran el respeto a la ley, los gobiernos no miran por el bien común y se encuentran coludidos con los más abyectos intereses. Además, los medios de comunicación hegemónicos ocultan, desinforman e incomunican a los ciudadanos. Y también, los procesos electorales ya no son confiables, los fraudes electorales (1988, 2006 y 2012) y las reformas antipopulares en materia energética, política, educativa, financiera, fiscal y laboral, evidencian la esterilidad de las instituciones realmente existentes”.

La finalidad del Congreso Popular es que los ciudadanos conscientes y libres, participen y decidan de manera directa por medio de acciones coordinadas, pacíficas y contundentes, sobre la vida pública de su entorno social y del país; frente a la ingobernabilidad manifiesta en varias partes del país, donde la violencia se ha convertido en la principal preocupación de los ciudadanos, quienes se sienten atemorizados y secuestrados frente a un problema el cual el gobierno es incapaz de resolver e incluso tiene colusión con el crimen organizado.

Ejemplo de ello, son los recientes sucesos de violencia que azotan al estado de Guerrero y otras regiones del país, como consecuencia de una brutal descomposición social originada por las injusticias socioeconómicas y la ineptitud gubernamental para atender las demandas de los ciudadanos. Los gobiernos actuales son guiados por una política pública que lejos de disminuir la brecha de la desigualdad, la dilata, y la herida apenas cicatrizada abre paso nuevamente al Guerrero bronco donde los "rituales de la barbarie se niegan a remitir pero con balas y sangre son la respuesta crónica al pacífico reclamo social".

La instalación del Congreso Popular el próximo 5 de febrero, puede ser una oportunidad para reorganizar a la sociedad, reorientar la política pública y proponer iniciativas que ayuden a combatir y disminuir la violencia que cada día lastima, hiere, mata y destruye a cientos de familias mexicanas.

Entre los que participarán en el Congreso, destacan nombres como: Hugo Aboites, John Ackerman, Julio Astillero, Abel Barrera Hernández, Alberto Betancourt, Lydia Cacho, Héctor Díaz-Polanco, Enrique Dussel, Carlos Fazio, Minervino Morán, Robespierre Moreno, Manuel Pérez Rocha, Elena Poniatowska, Octavio Rodríguez Araujo, Julio Scherer Ibarra, Javier Sicilia, Alejandro Solalinde, Paco Ignacio Taibo II, John Saxe-Fernándéz, entre otros.

OTHÓN SALAZAR