viernes, 24 de abril de 2015

Rogelio Ortega, ¿el pacificador?


Noé Ibáñez Martínez

Llegó el día. Hoy se vence el plazo de la licencia que Ángel Aguirre Rivero solicitó al Congreso del Estado a raíz de los hechos violentos en Iguala. Hasta ayer, los que cobran como diputados locales no habían recibido el oficio de notificación sobre si regresa o solicita ampliar su licencia por el resto del mandato que concluye en octubre.
Aunque a mitad de semana, Aguirre había declarado a un medio nacional que no regresaría a gobernar Guerrero, y con ello despejó la incertidumbre para muchos, sobre todo para los que se aferran al poder; particularmente para el actual interino Rogelio Ortega Martínez, ya que con ello, se abre la posibilidad de que el Congreso local lo ratifique.
En una serie de artículos publicados por el mismo Ortega en El Sur, (15 y 23 de abril), expone las razones, en resumen, por las que los diputados deberían considerar su permanencia en el cargo. Para ello recurre al ensayo de Albert Camus, El mito de Sísifo, para describir de forma filosófica la realidad actual de Guerrero.
Particularmente en su segundo artículo “Guerrero: ¿Jano y Sísifo de nuevo?”,  Rogelio Ortega dice que desde que tomó el poder el conflicto social en el estado se ha ido disipando,  y sí es cierto, ya no vemos edificios incendiándose, tampoco la disputa entre manifestantes por el control de las casetas de peaje en la Autopista del Sol, ni el enfrentamiento casi cotidiano entre embozados y antimotines, es más, quedan pocos maestros en el plantón del zócalo capitalino (aunque esto por conflictos-intereses internos de la Coordinadora), y además, de 46 ayuntamientos tomados, quedan solo seis en poder de los maestros.
También dice que gracias a sus llamados de diálogo y concordia, se pudo lograr lo que parecía imposible. Que las zonas turísticas de Guerrero se llenaran de visitantes en diciembre y Semana Santa, que se pudieran efectuar sin contratiempos el Tianguis Turístico, la Convención Bancaria, y eventos deportivos y culturales en Acapulco.
Sobre esta disminución de protestas, Ortega añade, “…alguien pudiera decir que se trata de una derrota de la sociedad movilizada y en esencia no lo es”. Sin embargo, me permito disertar en este punto.
En las últimas dos décadas de la historia de Guerrero, los movimientos socio-políticos han sido esporádicos o de un “solo tema”, es decir, el surgimiento de las protestas (magisteriales, campesinas, obreras y estudiantiles) han tenido un objetivo específico por el cual luchan; y una vez conseguido ese objetivo con el gobierno (generalmente), éstos se disipan.
En este caso, a raíz de los hechos en Iguala, surgió una demanda específica por parte de los padres de los estudiantes desaparecidos, y en solidaridad se sumaron la CETEG y otros grupos sociales, que a su vez, exigen la derogación de la reforma educativa y se oponen a las reformas estructurales del Gobierno federal.
Como vemos, estas protestas tienen un objetivo de ser. Y como escribió Ortega, efectivamente no es una derrota para los grupos movilizados, como tampoco un acierto de su gobierno. Puedo afirmar que es un proceso natural de los movimientos sociales en Guerrero. Su fase de mayor efervescencia concluyó y ahora la lucha de los padres de los normalistas ha tomado la tónica de ser una lucha por la memoria.
El desgaste mismo del movimiento que tuvo como consecuencia una ruptura coyuntural en la CETEG (principal grupo que sostenía la protesta en apoyo a normalistas) a partir del desalojo de los maestros en Acapulco, llegó a su clímax. Ahora lo que sigue es la negociación para disipar por completo la protesta, y eso se ha hecho en otros gobiernos por eso no lo podemos atribuir como un logro del gobernador interino.
El reto ahora son las elecciones a celebrarse el 7 de junio. La “ala radical” de la CETEG continúa con su intención de impedir los comicios, aunque seguramente, a base de negociación como lo han hecho siempre, y con Ortega u otro gobernador, se podrá llegar a un acuerdo con los maestros disidentes.


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@ibanez_marti

domingo, 15 de marzo de 2015

Lo que debería saber un maestro: las enseñanzas de Othón Salazar

                                               In memoriam de Othón Salazar (1924-2008)
VI aniversario luctuoso

Noé Ibáñez M. 

El legendario líder Othón Salazar fundó en 1957 el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), antecedente directo de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Por la actual movilización de los maestros, normalistas y familiares de los estudiantes asesinados y desaparecidos en Iguala, Guerrero, el pasado 26 de septiembre, es pertinente recordar algunas ideas desde la visión de Salazar de lo que debería ser un maestro.
En los últimos años de su vida, se dedicó a reorganizar el MRM, ya que sostenía que los principios revolucionarios de la CNTE se habían desvirtuado, por ello, era necesario recuperar la ideología revolucionaria que todo maestro debería de poseer.
Othón creía que ningún proceso revolucionario sería posible sin el papel fundamental del maestro, pero también es difícil que ese papel se cumpla si el maestro no cuenta con un proyecto ideológico que sirva como instrumento político para concientizar, democratizar y organizar a la sociedad.
Aquí radica que la CNTE y la CETEG hayan perdido el potencial revolucionario. Hace falta claridad teórica y que la conciencia del maestro se encuentre vacía de ideales trascendentes. El magisterio de izquierda apenas si existe. El maestro poco a poco se fue burocratizando, el espíritu individualista se apoderó de su mente, abandonó su papel activo en la historia de la lucha de los oprimidos y de la lucha por la creación de una nueva sociedad. En general, el maestro dejó el campo de la militancia revolucionaria.

Un nuevo tipo de maestro
Othón creyó en la formación de lo que él denominó “Un nuevo tipo de maestro”, capaz de sentar las bases de una cultura que sirva para formar hombres cabales y libres. Consciente de que encarna un potencial ideológico como ninguna otra profesión.
Que el maestro comprenda que su responsabilidad consiste en clarificar la esencia de las cosas, la verdad de los hechos; ayudar a las masas a que tomen conciencia de su situación, de sus derechos y obligaciones. Por ello, debe tener claridad ideológica e histórica. Que no rebaje el contenido de su papel de un triste conformador y justificador del orden social opresivo, sino jugar un papel democrático y crítico dentro y fuera del aula.
La función de todo proceso revolucionario es educar. Por eso, ser maestro no es solo un medio para ganarse la vida, sino la forma de cumplir un deber social, es decir, ser maestro es cumplir una misión con el hombre.
No se olvide también que Othón Salazar fue normalista. Estudió en Ayotzinapa y Oaxtepec, Morelos. Luego se graduó en la Escuela Nacional de Maestros.
“Othón era antes que nada normalista, un heredero de los maestros que, desorejados por los cristeros, seguían resistiendo, trabajando y sacrificándose por los que menos tienen”, recordaba Guillermo Ramírez, ex director de la Facultad de Economía de la UNAM y codirector del Fondo de Cultura Económica.
Ramírez no quitaba el dedo del renglón: “Antes que otra cosa Othón era un normalista, y eso hay que subrayarlo, porque ahora se ignora qué es el normalismo: el deseo de un individuo de transmitir conocimiento sin preguntarse cuánto va a ganar”.

El legado
Como cada año, ayer se realizó un pequeño acto cívico como homenaje a Othón Salazar en su tumba, en Alcozauca. Asistieron familiares, amigos y compañeros del profesor tanto del MRM como del desaparecido Partido Comunista, entre ellos, Félix Bautista Matías, ex guerrillero del Partido de los Pobres.
Cada uno de ellos dedicó algunas palabras a la memoria de Othón, ante el olvido gubernamental e incluso por sus ex compañeros militantes del Partido Revolución Democrática (PRD), al que renunció en 1998, cuando auguró que el partido perdió el rumbo, que cada vez se parecía más al PRI, pero “solo vestido de amarillo”. En su renuncia dijo: “Como el PRD no es un partido de izquierda, prefiero quedarme silbando en la loma a dejar de luchar por mis ideales”.
Por su pensamiento, Othón siempre fue perseguido, criticado, vivió y murió en la pobreza. Se le señaló por su apego al marxismo-leninismo, lo que parecía a la “nueva izquierda” obsoleto y fuera de las nuevas luchas sociales. Los nuevos izquierdistas se burlaron de su radicalismo y de su idealismo a ultranza. Su oratoria fue motivo de burla y escarnio. Su fe en la educación como instrumento para lograr cambios en la sociedad fue rebatida. Pero ¿cuál es el legado de Othón Salazar al magisterio, a los jóvenes, a México?
Othón Salazar fue poseedor y portador de virtudes y valores que hoy son raros de encontrar en cualquier líder y activista social. Fue fiel al normalismo. Siempre fue honrado, nunca probó las mieles de las canonjías, prevendas y cuotas, ni se dejó comprar. Fue honesto y fiel a sus convicciones revolucionarias. Su lealtad a los movimientos que encabezó fue permanente. Siempre expresó lo que pensaba y creía, no calló por conveniencias o miedo.
En estos momentos en que se libra una lucha del magisterio que cubre un espectro de peticiones que van desde la calidad de la educación hasta las mejorías económicas, pasando por la democratización de las organizaciones sindicales, ojalá el ejemplo de Othón Salazar como revolucionario en la lucha magisterial y social se conozca y sea retomada por jóvenes, maestros y cualquier mexicano.
Othón siempre fue crítico a la situación actual en que se encuentra la educación en México. “La escuela como está anda mal, arrinconada, reducida meramente a formar productores y consumidores y nosotros los maestros buscamos que la escuela forme también buenos ciudadanos que le respondan a este país, a nuestro pueblo”, decía.
El propio Jaime Torres Bodet, entonces secretario de Educación, se refería así a los maestros del MRM: “Nunca me habían rodeado tantas chamarras sucias, tantas camisas huérfanas de corbata, tantas uñas luctuosas y tantas melenas que parecían, por despeinadas, simbolizar las ideas de quienes las agitaban garbosamente…”.
El también ya fallecido escritor Carlos Monsiváis fue fiel admirador de la tenacidad de Othón desde que lo conoció, en los patios de la Secretaría de Educación Pública en abril de 1958. Entonces Othón Salazar hablaba de la muerte: “No tengamos miedo a la muerte… Que las nuevas generaciones de maestros nos recuerden con todos nuestros defectos, pero también recuerden que hicimos que nuestras vidas estuvieran inscritas a ideales nobles, inspirados en el bien de nuestros semejantes”.
A los 84 años de edad, en la cama de su casa en una humilde colonia de Tlapa, murió el normalista Othón Salazar. Murió pobre y terco. Y es también muy probable que haya muerto como vivió: sin miedo.
En una ocasión le dijo a sus compañeros veteranos del Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM): “No tengamos miedo a la muerte. Como decía uno de mis maestros, ‘para qué tenerle miedo, si cuando ella llega nosotros ya nos fuimos’”.

hist23@gmail.com

Fuente: http://www.losangelespress.org/lo-que-deberia-saber-un-maestro-las-ensenanzas-de-othon-salazar/

miércoles, 7 de enero de 2015

Carta desde EU al gobernador Ortega

Noé Ibáñez Martínez

El tema de la liberación de los presos políticos o de ‘conciencia’ como los definió el abogado de Derechos Humanos Tlachinollan, Vidulfo Rosales Sierra, cobró nuevamente impulso desde los Estados Unidos, en el marco de la visita del presidente Enrique Peña Nieto quién se reunió con Barack Obama para tratar el asunto de los migrantes y de la seguridad.
La presión de Estados Unidos a través del embajador de esa nación en México, Earl Anthony Wayne, no cede; particularmente en el caso de Nestora Salgado, pues le preocupa el manejo político que se le ha dado.
A través de una carta dirigida al gobernador Rogelio Ortega, Anthony Wayne le pidió que se revisara el caso de Nestora Salgado, pues “nos preocupa el maneja que le ha dado al caso el Procurador del Estado de Guerrero (actual Fiscalía General del Estado), ya que ha hecho que se originen dudas de si los cargos en contra de la señora Salgado se derivan de cuestiones políticas”.
El embajador norteamericano en México agregó en la carta:
“La señora Salgado ha estado detenida desde agosto del 2013 por cargos que se derivan de sus actividades como líder de la organización de la comunidad indígena en Olinalá, Guerrero. La embajada de Estados Unidos está muy preocupada sobre el trato que la señora Salgado ha recibido hasta este momento”.
“Me gustaría pedirle que su caso sea revisado lo más pronto posible. Ya han pasado 14 meses desde el día de su arresto y ha habido mínimo progreso en el proceso judicial. La Sra. Salgado permanece aislada en la prisión bajo condiciones austeras”, describió Wayne.
El 1 de enero de este año, Nestora debió de estar libre, el gobierno del estado tenía previsto desistir en las acusaciones en su contra, sin embargo, algo pasó y continúa presa. Según declaraciones del diputado del PRD, Roberto López Suárez, integrante de la Comisión de Derechos Humanos, el secretario de Gobierno del estado, David Cienfuegos Salgado le informó que la Fiscalía no se había desistido en el día ofrecido, con el argumento de que habían surgido algunos ‘inconvenientes’.
Sobre esto, López Suárez insinuó que se trata de personajes que aún tienen influencia en la Fiscalía del Estado, vinculados al ex procurador Iñaki Blanco, y quienes habían ‘fabricado’ los delitos por los que se le acusa a Nestora.
Hace apenas cuatro días, el presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso local, Bernardo Ortega Jiménez acusó al Gobierno del Estado de “orquestar una venganza política” junto al gobierno municipal de Olinalá contra la coordinadora de la Policía Comunitaria.
El perredista declaró que la detención de la líder comunitaria “fue un exceso” y que obedeció a intereses particulares del alcalde Eusebio González Rodríguez y del síndico Armando Patrón Jiménez, de Olinalá.
Este último, quien acusa a Nestora y su grupo de policías comunitarios de secuestro, dijo que si salía libre, no se cruzará de brazos en espera de que vuelva a Olinalá y advirtió que se defenderá. 

sábado, 25 de octubre de 2014

¿Qué está fallando en el caso Ayotzinapa?

Noé Ibáñez Martínez

La renuncia de Ángel Aguirre Rivero como gobernador la tarde del jueves 23, no ha resuelto la crisis política y social que vive el estado. La toma de alcaldías, la quema de oficinas gubernamentales y el saqueo de tiendas departamentales continúan por parte de maestros de la Ceteg, normalistas y otras organizaciones sociales; a pesar de que una de las razones por las que dijo que se separaba del cargo era para "favorecer el clima político".

Esto demuestra que el problema no era un solo hombre, sino el sistema, que compete también gobierno federal. Es decir, el conflicto pasaba por un hombre, pero su solución no radicaba solo en ese hombre. En este caso, a pesar de la magnitud del problema (cuyo antecedente ya tenía conocimiento la Federación) el primer error fue deslindarse y evadirse la responsabilidad como Estado, cuando bien se supo que policías municipales estaban ligados con el crimen organizado.

A tres días de la renuncia de Aguirre y a un mes de la matanza y desaparición de 43 normalistas, la PGR no los ha localizado como tampoco a los responsables quienes también convirtieron a Iguala en un cementerio; esto motivó que los padres de los estudiantes rompieran el diálogo con la Procuraduría. Ahora, buscan reunirse con el inquilino de Los Pinos, quien seguramente no les dará otra respuesta más que decir que los seguirán buscando… a través de la PGR.

La salida de Aguirre no ha mejorado el ambiente político. Al contrario, la atención ya no es por la búsqueda de los normalistas sino saber quién quedará de gobernador interino y qué intereses podría representar en cara a las elecciones del 2015; que es punto primordial que le preocupa y ocupa al PRD.

Entonces, si la administración de Peña Nieto era el ejemplo internacional con el rosario de reformas estructurales a debutar en el inicio del 2015, ¿qué ocurrió en tan pocas semanas como para desplazar la tranquilidad y esperanza que despertaba el llamado “Mexican Moment”?

¿Era falso que todo estuviera bajo control y se vendieron soluciones que no atacaron los problemas? ¿O es que algunos grupos –legítimos e ilegítimos- vieron amenazados sus intereses, sus cotos de poder y se dedican ahora a desestabilizar a un gobierno que amenazó sus privilegios?

Que el gobierno federal no tenga respuestas a estas preguntas como tampoco encuentre a los desaparecidos después de un mes, aun teniendo las pruebas, no habla bien de los sistemas de inteligencia en operación que presumen en los medios de comunicación, como la compra millonaria de drones y sofisticados equipos de intervención telefónica. Además de contar con corporaciones policiacas y fuerzas especiales que podrían (si quieren) encontrar fácilmente a los delincuentes y, por supuesto, a los normalistas.

Entonces esto hace pensar que existen otros intereses más perversos detrás de las desapariciones, que podría ir más allá del ámbito municipal y arruinar el “Mexican Moment” de Peña Nieto; pero lo que buscan mientras es ganar tiempo, ¿para qué? Solo ellos saben. Pero lo que sí es cierto es que el Estado mexicano ha demostrado cabalmente su incapacidad.

Por eso insisto, en que algunos celebren como victoria política la salida de Ángel Aguirre, no será suficiente para detener la descomposición social que comenzó hace décadas con la complicidad entre gobiernos (de los tres niveles) y crimen organizado; cuya consecuencia es la hoy atraviesa Guerrero.

martes, 1 de julio de 2014

Los bonos de Jecker y el intervencionismo francés en México









Noé Ibáñez M.

El presente texto pretende introducir a los lectores para entender el contexto del conflicto entre conservadores y liberales, y las principales causas que llevaron a la intervención francesa en México en la segunda mitad del siglo XIX; poniendo énfasis en el negocio del banquero suizo, Jean Bautista Jecker y Compañía, para endeudar al gobierno conservador de Miguel Miramón y que posteriormente, el presidente Juárez suspendería el pago. Sin embargo, Jecker y el duque de Morny perpetuaron un plan para convencer a Napoleón III de intervenir, alegando  defender los intereses de sus conciudadanos.
Por lo tanto, es necesario hacer una breve revisión de las condiciones socio-políticas y económicas del país recién independizado de España, ya que la guerra de independencia resquebrajó el sistema y a partir de 1821, el nuevo Estado mexicano tuvo que enfrentarse el enorme reto de construir un Estado-Nación;  pero las cosas no fueron fáciles. La lucha interna entre dos grupos antagónicos (liberales y conservadores) que se disputaban el poder llevó al país a una crisis más profunda, ahora con enemigos externos que intervinieron en los asuntos internos en los que salió perdiendo. Por ejemplo, con la intervención norteamericana, México perdió más de la mitad de su territorio y se endeudó con Inglaterra, Francia y España.
El panorama social, político y económico no era nada alentador. Esta situación llevó al Imperio de Agustín de Iturbide en 1822, autorizara, por primera vez en México, la emisión de papel moneda, produciendo más de cuatro millones de pesos en tal especie; pero el experimento resultó un fracaso, dado que la población estaba acostumbrada al uso cotidiano de monedas, principalmente de plata y desconfiaba del propio gobierno.  Una segunda reacción del Estado federal a la urgente falta de ingresos fue la de negociar préstamos externos. Así, en 1824 y 1825, México obtuvo dos empréstitos de bancos ingleses por más de 6.4 millones de libras esterlinas, que en su momento cubrieron los gastos militares del Estado mexicano, pero que a largo plazo se convirtieron en una carga más.
Los créditos que el gobierno mexicano se vio a la necesidad de buscar, fueron primero con los banqueros y agiotistas[1] locales. Esto ha hecho valer que el período de 1827-1854 en México, se conozca en la historiografía como la época de los agiotistas, personajes que no eran más que acaudalados individuos que financiaron el gasto corriente del gobierno a cambio de jugosos réditos y privilegios especiales. En otras palabras, los agiotistas aprovecharon la debilidad del Estado mexicano para incrementar su fortuna y poder. Barbara A. Tenenbaum (1986) los bautizó como “banqueros sin bancos,” y señala que los agiotistas “proveyeron con fondos a las distintas administraciones, en épocas de crisis cuando la escasez de recursos era crónica…, administraron los ingresos de los peajes, repararon y construyeron caminos, controlaron las casas de moneda y el estanco del tabaco, preservaron el servicio de correos, y llevaron a cabo numerosas transacciones financieras a nivel interno y con el extranjero. Estas actividades orillaron a los agiotistas a identificarse con la supervivencia del gobierno… puede decirse que dejaron un legado que forma parte del sustento histórico del Estado–nación que hoy sobrevive”.[2]
Ante todo esto, ¿Qué papel desempeñaron realmente los Bonos Jecker en la trama intervencionista del Segundo Imperio francés?
En el siguiente texto, abordaré inicialmente la vida de Jean Baptiste Jecker como un personaje que involucró a México en conflictos internacionales. Posteriormente, una descripción sobre los bonos que el Gobierno mexicano firmó con el banquero, la decisión de Juárez de suspender dichos pagos; las consecuencias que trajo consigo esta acción, y finalmente, una conclusión que nos permite entender el contexto y las particulares de la historia de México en la segunda mitad del siglo XIX.
Jecker, el banquero suizo
Jean-Baptiste Jecker fue un banquero y empresario suizo (nacionalizado francés en 1862). Nació en Porrentruy, Suiza, a pie de la cordillera de Jura que en ese entonces formaba parte de Francia, el 29 de diciembre de 1812. Un pequeño pueblo dedicado a la relojería, a la agricultura y a la pequeña ganadería. Jecker era hijo de un molinero y a temprana edad aprendió varias lenguas y en la práctica, adquirió conocimientos de finanzas y de minería. En 1831, a la edad de 19 años se trasladó a París donde trabajó como empleado en el banco Hottinger, uno de los más importantes creado en 1786.
Louis, hermano mayor de Jean Baptiste, estudió medicina en París, emigró a México y alcanzó un gran éxito profesional como oculista y cirujano, lo que le permitió acumular una gran fortuna y hacer importantes obras de filantropía; de modo que durante las primeras décadas del México independiente, ya era un médico reconocido y adinerado. Con motivo de “La Guerra de los Pasteles”, fue expulsado del país y volvió a reunirse en Europa con su familia; regresó a México alrededor de 1835 acompañado de dos de sus hermanos, Pierre y Jean Baptiste.
Entre 1840 y 1844, Jean Baptiste Jecker trabajó como dependiente en la casa Montgomery, Nicod y Compañía MN&C, que representaba los intereses de los prestamistas ingleses que operaban en México. Era una de las tres principales casas de ese tipo, con negocios tales como el préstamo de dos millones de pesos otorgado al Gobierno mexicano en 1840. Ahí aprendió las artes y las artimañas de los contratos financieros con gobiernos que por estar sujetos a la quiebra e insolvencia crónicas y a la inestabilidad de las asonadas militares, para sobrevivir requerían siempre de recursos frescos que se veían obligados a obtener a cualquier costo.
Era una época en que si bien el capital comercial y usurario era el único importante en la economía nacional, los prestamistas tenían en los gobiernos una fuente inagotable de jugosas utilidades. Los principales prestamistas eran extranjeros, se amparaban en sus consulados y embajadas, se asociaban con empresarios mexicanos y con funcionarios públicos, lo que estimulaba la corrupción gubernamental. Los prestamistas operaban con poco efectivo y muchos pagarés y documentos que luego compraban muy barato, para obligar después a sus deudores a aceptar su valor nominal con el señuelo de agregar un poco más de efectivo o de bienes. Así, cada vez que se renegociaban los créditos, debido a la acumulación de intereses y su capitalización, las deudas se perpetuaban. De este modo se fueron cediendo a los agiotistas funciones de administración y recaudación fiscal, acuñación de moneda, manejo de correos, construcción de caminos e incluso llegaron a controlar a funcionarios de las aduanas marítimas.[3]

Juan Baptiste Jecker, entre 1859 y 1871. Biblioteca del Congreso de Grabados y Fotografías de División de Washington, DC. EE.UU
En 1844, MN&C cerró sus operaciones en México y dejó a Jean Baptiste la responsabilidad de liquidar sus asuntos pendientes, quien al efecto, constituyó la Casa Jecker, Torre y Compañía CJT&C, en sociedad con Isidro de la Torre, español gaditano, y con Felipe Alonso Terán, heredero de un pariente acaudalado. Al parecer, su hermano médico, Louis, ayudó a Jean Baptiste con el capital inicial de trescientos mil pesos para comenzar este nuevo negocio antes de regresar a Europa, en donde murió a mediados del siglo XIX, sin haberse casado y sin dejar descendencia.

La compañía de Jecker se organizó como casa prestamista y de comercio, dedicada a las importaciones y exportaciones en los puertos de Veracruz, Tampico y Mazatlán; desde esta última población influía en las actividades económicas de todo el noroeste mexicano. Así fue extendiendo sus intereses al algodón, textiles, fierro, plata, carbón de piedra y hasta armamento y suministros militares a partir de 1846, cuando participó como fiadora de Joseph Limantour (padre de José Yves) en el contrato para abastecer de víveres, vestuario, armas y municiones a las tropas que defendían las Californias de la invasión norteamericana. También destacó como una gran empresa exportadora de plata de importantes minas, como las de Real del Monte, Real del Catorce, y Purísima.[4]

Pero su actividad principal fue la financiera: hipotecas, letras de cambio, pagarés y libranzas, contratos de avío y demás instrumentos, con tasas de 24% y aún del 48%, cuando el interés legal era de sólo 6% anual. En materia de créditos gubernamentales, a partir de 1845, CJT&C realizó préstamos a diversos gobiernos locales (México, Jalisco, Zacatecas) y nacionales (Arista, Ceballos, Miramón, Comonfort), sin considerar sus diferentes ideologías y posiciones políticas. Pero paulatinamente comenzó a perder su aparente neutralidad y tendió a inclinarse por lo que convenía a los intereses franceses imperialistas. Además, Jecker logró, siendo suizo, que sus operaciones se clasificaron dentro de la deuda francesa; se desconoce cómo lo consiguió.[5]

Debido a su creciente importancia, los negocios usureros de la casa de Jecker y Compañía, levantaron las críticas de periodistas como Francisco Zarco, por los abusivos gravámenes que obtenían de las aduanas marítimas debido a sus leoninos contratos con el gobierno; y de políticos liberales como Mariano Otero, por sus efectos nocivos en la moral pública.

En 1851, bajo la influencia de la “fiebre del oro”, la Casa de Jecker y Compañía promovió la constitución de la Compañía Restauradora de la Mina de Arizona, en la que participaron André Levasseur, embajador francés, el presidente Mariano Arista y José de Aguilar, gobernador de Sonora. Después se agregaron al proyecto minero y de colonización el conde francés Gastón Raousset-Boulbon y Patrice Dillon, cónsul de Francia en San Francisco, California. Por iniciativa del conde, la expedición que tenía propósitos mineros y de lucha contra los apaches, devino en incursión filibustera para apoderarse de Sonora. El conde sólo tuvo en su poder brevemente Hermosillo y fue derrotado en 1852. Públicamente, los diplomáticos franceses retiraron su apoyo al conde y Jecker le negó más financiamiento. CJT&C se vio obligada a pagar los daños ocasionados por el conde, debido a la reclamación del general Blanco, vencedor de los filibusteros y del señor Cubillas, nuevo gobernador de Sonora.[6]

En 1853, la Casa Jecker participó en el intento de Manuel Escandón, agiotista destacado, de fundar un banco, lo cual no fue aceptado por el presidente Santa Anna, porque sintió que estaría más a merced de los agiotistas nacionales y extranjeros. Sin embargo, en enero 1854, Santa Anna y Jecker firmaron un contrato para deslindar en veinte meses, todas las tierras inactivas de Sonora y Baja California, por un porcentaje de las tierras deslindadas.[7] Este es un antecedente importante de lo que serían las compañías deslindadoras durante el porfiriato. Por su parte, el conde Raousset-Boulbon hizo un segundo intento por fundar un enclave francés en Sonora, que al fracasar, le costó la vida en agosto de 1854. CJT&C tampoco fue ajeno por completo a este nuevo acto de filibusterismo. Quizás debido a estos malos negocios, este mismo año, De la Torre rompió la sociedad con Jecker y se disolvió CJT&C para dar lugar a la Casa Juan B. Jecker y Compañía, CJBJ&C.
Retrato del conde Gaston de Raousset-Boulbon. Autor Charles Fenderich, (1805-1887) litógrafo y editor. UC Berkeley, Biblioteca de Bancroft.
Al triunfo del Plan de Ayutla que derrocó a Santa Anna, Jecker trató de actualizar el contrato de deslinde en Sonora y California, así como de obtener otro similar respecto al Istmo de Tehuantepec, con base en que representaba al inversionista Falconnet, a quien Santa Anna había concesionado un canal interoceánico. En agosto de 1856, el gobierno de Comonfort aceptó las propuestas del banquero, se firmó el contrato por el cual Jecker-Torre y Compañía se comprometían a medir, levantar planos y deslindar, en un periodo de tres años, las tierras baldías de Sonora y Baja California, a cambio de la tercera parte de los terrenos que deslindaran. Las otras dos partes quedarían en posesión del gobierno nacional y, en caso de que éste vendiera parte de esas tierras, Jecker-Torre y Compañía tendrían la opción de la compra preferente de un tercio más, a un precio más bajo.

A fin de cumplir su parte en el convenio, Jecker suscribió un subcontrato con varios capitalistas de San Francisco. Éstos, a cambio de la mitad de las tierras que Jecker debía recibir del gobierno mexicano, se obligaron a financiar y dirigir los trabajos. Así, en marzo de 1858, varios ingenieros, geógrafos, geólogos y dibujantes, dirigidos por dos ingenieros del ejército de los Estados Unidos, los capitanes Charles P. Stone y Robert Whiting, iniciaron el reconocimiento de las costas e islas de Sonora. En cuanto al interior del estado, antes de emprender trabajo alguno, Stone decidió pedir la autorización del gobernador Ignacio Pesqueira.[8]

Los bonos de Jecker

Jecker, que había llegado a México con la intención de hacer millones fáciles, no le había ido tan mal en el inicio de la segunda mitad del siglo XIX. En veinte años había sido capaz de reunir unos tres millones de libras esterlinas. Con una cantidad tan considerable, en 1857 Jecker había hecho algunas inversiones y especulaciones muy embarazosas. Su relación de negocios con el presidente conservador Miguel Miramón comenzó a tomar forma y vislumbrarse a lo que venía.

En esos años, el país atravesaba por una profunda crisis. La guerra con Estados Unidos lo dejó en ruinas. Las arcas de la Iglesia estaban vacías. Miramón necesitaba ayuda desesperadamente, y se volvió a su aliado Jecker; y entre los dos idearon un plan que arrastraría tres potencias extranjeras en una conflagración fatal.

No olvidemos que desde 1850, la deuda interior de México estaba representada por un fondo consolidado de 3 por ciento, había existentes en la tesorería general en enero de 1858, alrededor de 11,000,000 de bonos de este fondo, destinados para ir haciendo la conversión de diversos interesados que presentaban los créditos especificados en la ley de 30 de noviembre de 1850. El 16 de julio de 1858. Don Carlos Peza, que fungía de Ministro de Hacienda del Gobierno de Miramón, expidió un decreto que autorizó la emisión de un nuevo fondo de 80.000,000 con réditos de 6 y 12 por ciento unos y sin réditos otros. El objeto esencial de estos bonos era pagar con parte de ellos una contribución general que de la misma ley estableció, convertir estos bonos del 3 por ciento y pagar los réditos vencidos.
 
Miguel Miramón (1831-1867). Fue presidente de México de manera interina durante el periodo  de febrero de 1859 a agosto de 1860. Durante su gobierno y por la crisis financiera del país, firmó los famosos Bonos con el banquero Jecker.
Este nuevo tratado entre Miramón y Jecker, que consta de 13 artículos, se firmó el 29 de octubre de 1859 en la ciudad de México. En sus artículos señala lo siguiente:
Art. 1°. El supremo gobierno hace una emisión de bonos por valor de quince millones de pesos.
Art. 2°. Se suspende la emisión de igual cantidad de bonos creados por la ley de 16 de julio últimos (los llamados Bonos de Peza).
Art. 3°.  Los bonos a que se refiere el presente decreto serán admitidos en un 20 por ciento en el pago de todos los derechos y contribuciones que deba percibir el fisco, exceptuando el contingente nacional.
Art. 4°. Los mismos bonos ganarán un rédito de 6 por ciento anual.
Art. 5°. De este rédito, el 3 por ciento lo garantiza por cinco años la casa de los Sres.]. B. Jecker y Cía., que lo pagará cada seis meses en los días 1 º, al 30 de junio y del 1 º, al 30 de diciembre, y cuya firma autorizará los bonos.
Art. 6°. El 3 por ciento de réditos que queda a cargo del gobierno, representado en cupones, se admitirá en el 20 por ciento de los pagos que tengan que hacerse al erario, lo mismo que los bonos.
Art. 7°. Los réditos correrán desde la fecha en que se emita el bono.
Art. 8°. Los actuales tenedores de bonos tienen facultad de convertir los que ahora poseen por los nuevos pagando un 25 por ciento por los que creó la ley de 30 de noviembre de 1850 y 28 por ciento por los de la última emisión.
Art. 9°. Estas cuotas se calcularán sobre el importe de los bonos, y de sus cupones vencidos hasta el día de la conversión.
Art. 10°. Al efecto, los tenedores presentarán sus bonos a la Tesorería General que, previa liquidación de los cupones, los amortizará, y expedirá a los interesados una certificación en que conste la cantidad total y la clase de bonos que convierten.
Art. 11°. En vista de esta certificación, la casa de los señores]. B. Jecker y Cía. entregará en bonos de la nueva emisión un valor igual al amortizado en la Tesorería General, previa la exhibición de la cantidad que corresponda, según el artículo 8º.
Art. 12°. Por ningún motivo podrá autoridad alguna de la República suspender los efectos de este decreto respecto a la amortización de los bonos una vez emitidos, bajo pena de destitución e inhabilidad perpetua para obtener cargo público.
Art. 13°. Esta pena no impide que se haga efectiva la responsabilidad pecuniaria por los daños y perjuicios causados a los interesados, que contrae cualquier funcionario que suspenda o contribuya a suspender los efectos de este decreto.[9]
Sin embargo, en el fondo, este préstamo sería para reponer para reponer sus arcas individuales por medio de la creación de papel sin valor respaldado por una libra handshake 3,000,000 libras esterlinas. Aunque esta cantidad iba a ser emitido por Jecker, sólo 750,000 se produciría. De esta cantidad, Jecker recibiría aproximadamente 150.000 libras esterlinas. A medida que el banquero, Jecker celebraría también las 450.000 libras que se generarían de interés solamente. Miramón sólo se beneficiaría con 150.000 libras si el acuerdo iba según lo planeado. Sin embargo, el decreto sufrió modificaciones el 26 y el 30 de enero, así como el 12 de marzo de 1860 para ajustarse a los deseos de Jecker, quien a cambio de una mínima cantidad de dinero en efectivo ($ 618,927) y en enseres y vestuario militares, cubrió con papel devaluado de la deuda anterior (bonos Zuloaga-Peza adquiridos a precios ínfimos) lo principal de su compromiso, cobró por adelantado su comisión respectiva y trasladó al gobierno los gastos de la operación. En síntesis: lo que recibió Miramón en efectivo y especie fue $1,490,428.39, y el total de la emisión fue de $ 15 millones; esto ¡hundió al tesoro mexicano más en la deuda por la compra de aproximadamente 3,72000 libras a 90% de interés!
Por la situación nacional y la escasa aceptación de estos nuevos bonos en el mercado, el 19 de mayo de 1860, Jecker se declaró en quiebra y suspensión de pagos para proceder a la liquidación de su empresa. El pánico cundió entre los grandes inversionistas y pequeños ahorradores que habían confiado su dinero a Jecker, ya que en ese tiempo no existían en México bancos en donde guardar el dinero. Con la victoria de los liberales sobre los conservadores, Jecker fue a la ruina porque el gobierno de Juárez decretó la insubsistencia de los actos y contratos celebrado por Miramón, de modo que los bonos Jecker ya no fueron aceptados en la Tesorería General.
Por otra parte, el 18 de noviembre de 1861, el consejo de ministros de Juárez acordó: "que la referida casa de los Sres. Juan B. Jecker y Compañía había adquirido derecho a la tercera parte de los terrenos baldíos de Sonora, Baja California y Tehuantepec por una concesión condicional que le hizo el Supremo Gobierno y no por compra, permuta o algún otro título oneroso propiamente tal; que la condición única que se le puso…de planografiar y deslindar los referidos terrenos en un tiempo dado no ha sido cumplida...y habiéndose declarado nulo en 27 de febrero de 1861 el contrato que en 4 de agosto de 1859 celebró la casa con el llamado Gobierno de Miramón, al que tampoco ha dado cumplimiento… declara que ha caducado la concesión hecha a los Sres. Juan B. Jecker y Compañía en los terrenos baldíos de Sonora, Baja California y Tehuantepec y que en consecuencia la referida casa no tiene derecho de propiedad, ni otro alguno en los expresados terrenos".
 
Benito Juárez (1806- 1872). Fue presidente de México 1858-18 de julio de 1872. Canceló los Bonos y derechos de propiedad de Jecker en México; lo que se convierte en una de las causas de la intervención francesa.
En respuesta, Jecker demandó una indemnización al gobierno mexicano por la cancelación de los contratos e intentó vender en Francia los derechos para el deslinde de las tierras de Sonora[10], por 10 millones de francos.[11] También propuso a Napoleón III, por intermediación de su cuñado X. Elsesser con el duque de Morny, medio hermano y ministro de finanzas de Napoleón III, quién aceptó intervenir.  Morny presionó a Thouvenel, ministro de Negocios Extranjeros, para que incluyera los bonos Jecker dentro de las reclamaciones francesas e influyó en el nombramiento del conde de Saligny, como embajador francés en México, para que promoviera el pago de esos bonos como parte de la deuda francesa.[12] Ya en México, Saligny negoció el asunto con el secretario de Relaciones Exteriores, Francisco Zarco, quien ofreció pagar lo que Jecker había entregado realmente a los conservadores más los intereses respectivos, pero no los 15 millones. Saligny difundió que había logrado el reconocimiento del total de estos bonos y ante una aclaración negativa por parte del gobierno mexicano, exigió que se indemnizara a los tenedores de esos bonos o de lo contrario, se usaría la fuerza del ejército francés.
 
Duque, Carlos de Morny, Presidente del Consejo del gobierno francés. Medio hermano del emperador Napoleón III, empleó su influencia para que Francia exigiera al gobierno de México el reconocimiento de la deuda contratada por Miguel Miramón con el banquero suizo Jecker. Imagen tomada de: G. Casasola, Seis siglos de historia gráfica de México, 1325-1976, México, Ed. Gustavo Casasola, 1978, t. 3, p. 700.
En reunión secreta, el Congreso mexicano rechazó esta pretensión y el 4 de mayo de 1861, Zarco escribió a Juan Antonio de la Fuente, embajador mexicano en Francia: “El señor De Saligny nos ha manifestado que su gobierno está resuelto a obligar al de México al cumplimiento de ese contrato empleando si necesario fuere el apremio de la fuerza. V. E. hará conocer a ese gobierno lo ruinoso que en sí ha sido ese contrato para la nación y ventajoso para la casa de Jecker, el origen vicioso de él por haber sido celebrado con un gobierno que carecía de títulos para ello y sobre todo su objeto, que además de envolver en sí una falta a los principios de neutralidad que todo extranjero debe tener en las guerras intestinas de un país, supuesto que ese contrato se celebró para facilitar recursos a la reacción, prolongó la lucha y la guerra civil con todas sus consecuencias doble y quizá más tiempo que lo que debiera haber durado. Con toda prudencia hará V. E. entender que México en esto no ve más que el abuso de la fuerza y el disgusto que le causan las amenazas para lograr que sus pretensiones sean atendidas por el gobierno de México. En este punto advertirá V. E. a ese gobierno que México no necesita de esos medios que lastiman y son humillantes, que sobre las cuestiones que se ventilan está siempre porque se discutan y jamás se rehusará, porque éste y no la fuerza es el medio más propio para entenderse. Si no obstante las razones que V. E. exponga, México tuviere que ceder en el negocio lo hará como un acto en beneficio de la paz, mas no porque reconozca ninguna justicia”.
 
Conde Dubais de Saligny, ministro de Francia en México. Rompió relaciones diplomáticas con México con motivo de la suspensión de pagos de la deuda externa. Imagen tomada de: G. Casasola, Seis siglos de historia gráfica de México, 1325-1976, México, Ed. Gustavo Casasola, 1978, t. 3, p. 700.
Juárez y el intervencionismo francés
En el ultimátum de Saligny enviado a Juárez, antes de iniciar la guerra en su contra, se exigió también “la ejecución plena, leal e inmediata” del contrato suscrito entre el gobierno mexicano y la Casa Jecker. Así, los citados bonos se convirtieron en una de las “causas” de la intervención del ejército francés en México.
Una vez detenido el avance de las fuerzas imperialistas en Puebla el 5 de mayo de 1862, el 2 de octubre siguiente, Juárez decretó la expulsión del país de siete franceses y de Jecker, quien viajó a Francia, en donde, gracias a sus gestores, se encontró que había obtenido la nacionalidad francesa desde el 26 de marzo anterior, pese a que tenía dos décadas de no pisar suelo galo.
Más tarde, al afianzarse Maximiliano de Habsburgo en el trono de México, Jecker regresó a México discretamente y negoció con Carlos Eustaquio Corta, asesor del nuevo emperador, el pago de los bonos con un fuerte descuento y sujeto a un calendario. Obtenido este arreglo volvió a París. Tras nuevas discusiones con Bonnefonds, se llegó a reducir la deuda con Jecker a $ 4,552,000 pesos a liquidar en tres pagos girados sobre París entre octubre de 1865 y febrero de 1866. Para estar en posibilidades de sufragar el pago se aumentaron 50% los derechos de importación de mercancías extranjeras que entraran por los puertos mexicanos. El arreglo causó gran descontento popular en París y contribuyó a aumentar la presión para el retiro de las tropas francesas que ocupaban México. Finalmente, ante la inminente caída de Maximiliano, los últimos dos millones de pesos no fueron pagados a Jecker.
Tras el fusilamiento de Maximiliano, durante los siguientes tres años, ya en París, Jecker continuó reclamando a las autoridades francesas el pago no efectuado, e inclusive lanzó amenazas de publicar información comprometedora para Napoleón III, porque reveló que un agente del duque de Morny le había propuesto la operación de los ya famosos bonos a cambio de una participación del 30% de las ganancias. No tuvo éxito. Tampoco pudo regresar a México para rehacer su fortuna a partir de una mina de plata que aún poseía en Zacatecas.
Derrocado Napoleón III, durante la Comuna de París, totalmente arruinado, Jecker trató de obtener un salvoconducto para salir de la capital francesa, pero el 23 de mayo de 1871 fue detenido por los comuneros y conducido a la prisión de La Roquette. Tres días después fue fusilado, según la versión de Martín Reyes Vayssade en la Rue de Puebla, nombrada así en conmemoración de la toma de esa ciudad por los franceses en 1863 y que hoy es la Rue des Pyrenées: “Qué mejor lugar para fusilarlo que el arroyo de la calle Puebla, símbolo de las ambiciones colonialistas del odiado imperio?” Conforme a Victoriano Salado Álvarez (Rocalla de historia) Jecker fue muerto en la Rue de Chine: “Se colocó Jecker de cara al muro después de hacerlo que se quitara el abrigo. Él volvió la cabeza y dijo: ‘No me hagáis sufrir’. Los asesinos tiraron, el infeliz cayó con el rostro al aire, y como respiraba todavía, le dieron el tiro de gracia. La justicia del pueblo quedaba satisfecha…Cinco días después llevaban el cadáver al cementerio de Charonne”.[13]
Conclusión
Los bonos de Jecker formaron parte de un momento histórico coyuntural de México. Por un lado, la disputa política que prevalecía entre dos grupos antagónicos que buscaban el poder, debilitó no solo el sistema político sino también el económico y social, descuidando en gran medida la política exterior de la nación. Esto lo aprovecharon muy bien personajes externos para enriquecerse de los recursos naturales, minerales y de jugosas ganancias del tesoro mexicano, hasta dejar al país prácticamente en quiebra.
Esta situación lo aprovecharon personajes como el banquero suizo Jecker, que conociendo la situación del país, confabuló junto al conservador Miramón para vaciar las “arcas” de la nación para beneficios personales. Al suspendérsele el pago en el gobierno de Juárez, recurrió a personajes como de Morny, otro personaje de grandes codicias tras saber el beneficio que obtendría en caso de que Juárez aceptara pagar la deuda. Por medio de chantajes a Napoleón respecto a Sonora, para determinar y obstaculizar al gobierno americano de su avance (y era el caso) y cuando la suspicacia inglesa no detuviese (y era el caso también).[14]
Estas intenciones de un banquero extranjero en México responden a un caso “normal” de cualquier agiotista actual. Es decir, la posibilidad de invertir en un país o nación, y obtener grandes ganancias a costa de lo que sea. En su momento, Justo Sierra definió "como una especie de cuervo siniestro que apareció en las ruinas de la reacción y de los imperios". Por su parte, Reyes Vayssade dice que Jecker fue un personaje cuya biografía muestra que “la época de los agiotistas no ha cambiado mucho, sólo se ha globalizado”.
Ante esto, podemos decir que en la actualidad hay acciones políticas y financieras que tienen cierta tendencia similar a lo ocurrido con los bonos de Jecker. Los grupos de poder o los gobernantes en turno, buscan atraer inversiones (privadas) del exterior pero que éstas, buscan obtener el mayor número de beneficios (utilidades compartidas los llama el gobierno federal). Podemos citar el tema del momento: la reforma energética. Con la nueva reforma impulsada por el priísta Enrique Peña Nieto, abre el panorama para el sector privado extranjero de invertir en Petróleos Mexicanos y Comisión Federal de Electricidad. Esto traerá graves consecuencias no sólo contra un bien nacional, sino contra la economía misma; una crisis que después quieran convertir en un asunto privado a un asunto  público, como lo hicieron con el Fobaproa creado en 1990 por el gobierno mexicano en conjunto con la totalidad de los partidos políticos dominantes en aquel entonces, para enfrentar posibles problemas financieros extraordinarios.




[1] Son aquellas personas que se dedican a cobrar intereses excesivos sobre los créditos otorgados.
[2] Véase la obra de Barbara A. Tenenbaum, México en la época de Los Agiotistas, 1821-1857. FCE, México, 1985, 235 pp.
[3] Carmona, Doralicia: “Jean-Baptiste Jecker”, en Memoria política de México. Disponible en http://www.inep.org/Biografias/JEJ10.html
[4] Ibíd.
[5] Ibíd.
[6] Ante los supuestos derechos sobre los terrenos de Sonora y Baja California, Jecker reclamó grandes extensiones, ya que tiempo atrás había patrocinado la expedición de Raousset-Boulbon ¾quien pretendió formar un país independiente en el noroeste de México¾, y había conseguido del gobierno de Santa Anna, en enero de 1854, un contrato para deslindar tierras baldías de Sonora en un plazo de veinte meses. Luego, había propuesto al gobierno de Comonfort que confirmara dicho contrato, que no se llegó a cumplir factiblemente por el estallido de la revolución de Ayutla. Véase a Suárez Argüello, Ana Rosa, “Los intereses de Jecker en Sonora”. En Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Álvaro Matute (editor), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 9, 1983, p. 21-34.
[7] Además, Jecker explotaba minas en las serranías que confinan con el actual estado de Guerrero.
[8] Suárez Argüello, Ana Rosa, “Los intereses de Jecker en Sonora”. En Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, op. cit., p. 21-34.
[9] http://www.inep.org/Textos/3Reforma/1859DMS.html
[10] La intención era el establecimiento en el norte de México de una colonia de confederados sostenidos por tropas francesas, belgas y austriacas para contrarrestar la expansión de Estados Unidos.
[11] Además, Morny obtendría los derechos sobre las minas de Sonora y Baja California, ricos en oro, plata y minerales preciosos. Esto motivó más a de Morny, ya que empezaba a ser el consenso común en toda Europa que el país con problemas de México nunca sería capaz de pagar totalmente sus deudas. Tener el derecho a las operaciones mineras de México podría llegar a ser mucho más lucrativo que el dinero adeudado por México.
[12] El 26 de marzo de 1862, Jecker se había convertido “al vapor” en un ciudadano francés naturalizado, y el gobierno francés asumió sus bonos en el monto total. Como francés naturalizado, Jecker no tuvo ninguna dificultad en excitar la corte francesa.
[13] Martín Reyes Vayssade, Jecker, el hombre que quiso vender México. Editorial Joaquín Mortiz, México, 2005. 404 pp.
[14] Justo Sierra, Juárez: su obra y su tiempo. Editorial del Valle de México, México, 1977. pp. 352-353.

OTHÓN SALAZAR